Blackstone y Google anunciaron el 18 de mayo una joint venture para crear una nueva empresa con sede en Estados Unidos que ofrecerá capacidad de centros de datos, operaciones, redes y las TPU de Google Cloud como computación como servicio. Blackstone señaló que los fondos que gestiona realizarán un compromiso inicial de capital de 5.000 millones de dólares, cifra que Google confirmó en una entrada de su blog. La empresa conjunta prevé que sus primeros 500 megavatios de capacidad entren en funcionamiento en 2027, según comunicaron las compañías, lo que indica que la infraestructura de IA se está convirtiendo en un negocio de plataforma financiado e independiente, en lugar de seguir siendo únicamente un servicio de hiperescalar.
La estructura une al mayor gestor de activos alternativos del mundo —que ya controla las plataformas de centros de datos QTS y AirTrunk y gestionaba más de 1,3 billones de dólares en activos al cierre de marzo— con los chips de IA diseñados a medida por Google. Google suministrará el hardware, el software y los servicios, mientras que los fondos gestionados por Blackstone aportan el capital inicial. Al crear un canal comercial fuera de Google Cloud, la empresa ofrece a clientes empresariales y startups otra vía para acceder a las TPU, chips que hasta ahora han estado disponibles principalmente a través de la propia infraestructura de Google o mediante grandes acuerdos a medida. En abril, Anthropic anunció que recibiría varios gigavatios de capacidad de TPU de nueva generación a partir de 2027, un acuerdo con Google y Broadcom que subrayó el atractivo de estos chips para desarrolladores externos y demostró que los grandes creadores de IA están dispuestos a comprometerse con capacidad de TPU a gran escala.
Benjamin Treynor Sloss, vicepresidente de Google con más de dos décadas de experiencia en fiabilidad de sitios e infraestructura, ha sido nombrado consejero delegado de la nueva empresa. El nombramiento señala una profunda continuidad técnica con las operaciones de Google, a pesar de que la compañía se sitúa al margen de la unidad de nube.
El objetivo de 500 megavatios representa una apuesta por que los desarrolladores de IA buscarán alternativas a la dominante pila de GPU de Nvidia, pero los primeros megavatios de la empresa no llegarán hasta 2027, lo que la convierte en una jugada de futuro en un mercado donde los chips de la generación actual de Nvidia ya acaparan la mayor parte de las cargas de trabajo de entrenamiento de IA. El nuevo servicio entra en un panorama plagado de neoclouds respaldados por Nvidia, como CoreWeave. Los analistas ven a la empresa conjunta como un posible rival, si bien toda ventaja competitiva dependerá de los precios y la adopción, detalles que no se han hecho públicos. Las compañías describieron la oferta como una opción adicional al servicio existente de TPU de Google Cloud, no como un sustituto, y evitaron establecer comparaciones directas con los precios de las GPU.
Bloomberg y The Wall Street Journal informaron, citando a fuentes conocedoras del asunto, que el valor total de la inversión podría alcanzar unos 25.000 millones de dólares si se incluye el apalancamiento, y que se espera que Blackstone tenga una participación mayoritaria. Blackstone y Google no confirmaron esas cifras. El nombre legal de la nueva empresa sigue sin revelarse; los materiales internos hacen referencia a “BXN1”, pero no se ha confirmado como denominación oficial. Las compañías tampoco desvelaron las ubicaciones de los centros de datos, las fuentes de energía ni si los 500 megavatios incluirán aceleradores distintos de las TPU. No se han dado a conocer acuerdos con clientes ni tarifas específicas para startups.
La empresa conjunta llega en medio de un auge más amplio de la inversión en infraestructura de IA. Reuters ha informado de que se espera que el gasto en IA de las grandes tecnológicas supere los 700.000 millones de dólares en 2026. La creciente presencia de Blackstone en centros de datos a través de plataformas como QTS y AirTrunk la sitúa en buena posición para capitalizar esa demanda, mientras que Google consigue una vía con poco capital para escalar la adopción de TPU. Para los desarrolladores de IA, la promesa es una fuente adicional de computación, aunque su coste y disponibilidad no se pondrán a prueba hasta que la primera capacidad entre en funcionamiento el próximo año.
